| A lo largo de los siglos han sido muchos los rituales nupciales que se
han mantenido, mientras que otros han desaparecido completamente. Por
ejemplo, en esta edición os explicamos dos rituales que se han
mantenido, pero que a lo largo de los años se han adaptado a las
nuevas generaciones: El beso en los labios La mediación del beso tiene, histórica y jurídicamente, una función
similar a la de la imposición de los anillos. Entonces, es un
testimonio del matrimonio en sí, derivado de los pasos del poder
paterno al poder material.
El beso fue considerado en el Derecho Romano fundamental como a
confirmación, conclusión o perfeccionamiento de una relación nupcial.
Si había mediación de un beso quedaban formalizadas las donaciones
entre los novios. A España tiene interés la comunicación de
Constantino al Vicario de las Españas, al año 336, en el cual se le
atribuye valor jurídico por lo que hace referencia a las bodas
privadas. Esta misma doctrina es aplicada en un pasaje del Código
Teodosi, que determina el valor del enlace nupcial con la mujer que
lleve con ella el barón, con o sin la voluntad expresa de esta, si
hubiera habido un beso. El beso fue tambien un mecanismo de fidelidad
en el mundo feudal, donde los criados besaban la boca y la mano su señor. Corona, velo y vestido blanco La mujer que se aproxima al altar para ser bendecida su boda por la
iglesia viste de blanco, lleva ornamenta de flores y recibe allá la
corona o velos, según se trate, de rituales orientales o occidentales.
La iglesia ortodoxa, mantiene los más antiguos rituales cristianos más
tradicionales en sus símbolos. Juntamente con la bendición, se subraya
el valor representativo de la corona. Durante los rituales previos a
la boda, las amigas de la novia se lo ponen durante el baile central
de la fiesta bajo Sant Joan Crisòstom se produce su sacralización, ya
que se presenta la corona como la victòria de la virtud. Con ella se
simboliza el triunfo del amor sobre el placer. Desde entonces, esto
figura como el centro de la ceremonia; el sacerdote la coloca sobre de
la cabeza del novio y después sobre el de la novia.
De una manera analógica, el ritual occidental difunde el velo que
Tertulià aconsejaba a les solteras esposas de Cristo, dado que su uso
estaba atado al matrimonio. Más tarde, se convierte en una parte del
vestido de la novia y, progresivamente, la velación es tan fundamental
que llega a ser uno de los elementos de mayor simbolismo en la
solemnidad canónica.
Por lo que hace referencia al vestido blanco, simboliza la pureza,
aquella virginidad que era esencial en el sistema monogámico. En el
siglo XVIII, a Francia, los vestidos eran de brocados; más tarde, se
tendió a los tejidos azules. En cambio, a Alemania, sí que eran
blancos y los más lujosos se enriquecían con ornamentos de plata. En
cualquier de los casos, novios y novias intentaban acudir al templo
con sus mejores vestidos. |